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2007 Todos los derechos reservados.
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2007 Todos los derechos reservados.
EL HOMBRE DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR.
LOS CAZADORES - RECOLECTORES



1. DESARROLLO Y DIVERSIFICACIÓN DEL EQUIPAMIENTO        
2. DIVERSIFICACIÓN DE LAS TÉCNICAS DE CAZA        
3. ESTRUCTURAS DE HABITACIÓN        
3.1 PRIMEROS HÁBITATS        
3.2 ESTRUCTURAS DE HABITACIÓN        
3.2.1. ZONAS FRÍAS        
3.2.2. CABAÑAS EN CUEVAS        
3.2.3. CABAÑAS EN ZONAS TEMPLADAS        
3.3 LOS HOGARES        
3.4 CUEVAS Y ABRIGOS        
4. VIDA ESPIRITUAL Y ENTERRAMIENTOS        
5. LA VESTIMENTA        
6. ESTRUCTURA SOCIAL        
7. LA MÚSICA        
8. RELIGIÓN Y MAGIA        

1. DESARROLLO Y DIVERSIFICACIÓN DEL EQUIPAMIENTO
Aunque durante el Paleolítico Medio se observa la diversificación de los útiles según su utilización, es en el Paleolítico Superior cuando se fabrica ya una amplia gama de instrumentos claramente especializados. Los fabricantes de útiles debían estar especializados en este tipo de trabajo. Las lascas preferidas eran aquellas cuya longitud es superior a la anchura, es decir, las hojas y hojitas, extraídas de núcleos de sílex, cuarcita, obsidiana... Para su talla debían utilizarse herramientas especializadas, como finos percutores de caliza, asta o madera.
El utillaje se enriqueció con una serie de nuevos instrumentos considerablemente mejorados. La originalidad reside menos en su innovación, ya que muchos de ellos se habían experimentado desde hacía tiempo, como en la generalización de útiles de pequeño tamaño y mucho más ligeros. La mayoría de los útiles líticos surgían de hojas o lascas alargadas con algunos bordes cortantes: raspadores realizados sobre el extremo de una hoja para trabajar el cuero o madera, buriles con estrecho bisel en la extremidad dorsal para trabajar el hueso o realizar los grabados rupestres, perforadores, con extremidad distal muy destacada, usado para agujerear las pieles, maderas, etc., así como otros útiles (cuchillos, diversas puntas, etc.).
La diferencia de proporciones de los diversos tipos de útiles es lo que nos permite individualizar los grandes conjuntos culturales del Paleolítico Superior (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense), cuya personalidad se encuentra reforzada por estilos de talla concretos o la presencia de determinados útiles.
La principal materia prima utilizada era el sílex, que presentaba sin embargo un inconveniente, al no encontrarse en regiones con condiciones climáticas extremas, como en el norte de Europa. Así, se podía recoger en los aluviones de los ríos glaciares e incluso se organizaban expediciones para encontrarlo. Si escaseaba en una zona, era reemplazado con cuarcita, obsidiana, etc.
Comparados los útiles del Paleolítico Superior con los del Inferior y Medio, se aprecia que la talla y la forma se hacen cada vez más claras y perfeccionadas, y el volumen tiende a disminuir, debido a la economización de materia prima. La evolución del utillaje lítico llegó a adoptar formas minúsculas denominadas microlitos.
La técnica, sin embargo, supo remediar la escasez de materia prima. Los útiles pequeños eran difícilmente manejables y por esa razón, a partir del Paleolítico Superior se adopta la costumbre de fijarlos a un astil de madera, cuerna o de hueso, atándolos con tiras de cuero, fibras vegetales, resina, etc. Así, el utillaje se desarrolla ampliamente. Encontramos cuchillos, azagayas, puntas para cazar, arpones, etc.
2. DIVERSIFICACIÓN DE LAS TÉCNICAS DE CAZA
El hombre del Paleolítico Superior, en busca de alimentos, explotaba una región de modo razonablemente lógico, conocedor de que en ciertas zonas y en determinadas estaciones podía encontrar abundante alimento vegetal o que en otras áreas ciertas especies animales realizaban migraciones y se reunían en un punto de forma periódica. Por tanto, el grupo se trasladaba siguiendo un ciclo anual hasta conocer el territorio de forma detallada.
El hombre el Paleolítico Superior sabía explotar su capacidad intelectual mucho mejor que sus antepasados y disponía de útiles más perfeccionados. Sin duda, debían poseer un cierto lenguaje estructurado que les permitiera organizar las estrategias de caza y discutir su desarrollo.
No está claro cual era el sistema para cazar animales de gran tamaño (mamuts, rinocerontes lanudos o elefantes). Es probable que empleasen algún sistema de trampas. Para cazar animales de menor tamaño aunque más rápidos, necesitaban otras estrategias. Por ejemplo, para la caza de ciervos o caballos idearon sistemas para la caza en masa, cuya prueba queda patente en la capa de esqueletos de caballos del yacimiento francés de Solutré. Allí los cazadores esperaban que un rebaño de équidos pastara cerca de un acantilado, asustándolos después para que cayeran al vacío. Este sistema debió emplearse en muchas generaciones.
También inventaron útiles que facilitaron las labores cinegéticas. El arco parece una invención tardía, y debió producirse en diferentes lugares y épocas, en torno al final del Paleolítico Superior. El arco estuvo precedido por otro invento importante, el propulsor, útil compuesto por un fuste de 20 a 30 cm., con uno de los extremos terminado en gancho donde se apoyaría el dardo. Algunos de ellos están ricamente decorados, aunque casi todos tienen algún tipo de decoración. El gesto de lanzamiento de este útil es parecido al lanzamiento de jabalina, prolongado por una rápida rotación del propulsor, consiguiendo distancias de hasta 75 m, con un óptimo de 25 m.
Debieron usarse también hondas, boleadoras, lazos, etc. Sin embargo, el arco es considerada la primera "máquina" que se inventó. Hasta ahora todas las armas habían sido propulsadas por la fuerza del hombre, pero en el arco, la fuerza se acumulaba en la cuerda, que se tensa poco a poco y adquiere gran potencia al ser soltada.
También la pesca y el marisqueo formaban parte de la actividad de la población paleolítica. La pesca se realizaba en los ríos y cercanías de las costas, principalmente salmones y truchas. Esta pesca se efectuaría a mano o mediante útiles óseos como los arpones. El marisqueo queda documentado en casi todos los yacimientos, tanto como aprovechamiento alimenticio, como soporte de adornos y colgantes.
3. ESTRUCTURAS DE HABITACIÓN
Según han avanzado los descubrimientos desde el siglo pasado, se ha podido demostrar que el hombre del Paleolítico Superior no era tan primitivo como se pensó en un principio. Cuando encontraban una buena cueva se instalaban en ella para pasar los crudos inviernos glaciares, pero la mayor parte del tiempo vivían fuera de las cuevas en campamentos al aire libre o en abrigos rocosos. Además, en la mayor parte de los lugares no existían esas cuevas. Por tanto, los hombres prehistóricos tenían un hábitat hecho a medida, y sabían adaptarse y afrontar una naturaleza a veces hostil, resolviendo el problema construyendo ellos mismos sus propios refugios.
3.1 Primeros hábitats
Los primeros hábitats son en gran parte desconocidos, debiendo limitarse a círculos de piedras a modo de paravientos o restos de chozas, ocupando también cuevas o abrigos, aunque la mayoría de las veces debían de dormir al aire libre. La cuestión de comodidad se convirtió en una necesidad en el momento que dominaron el fuego, pues la supervivencia del grupo se veía comprometida en el momento que se apagaba. De esta forma inventaron la cueva artificial, pequeño espacio cerrado, que les protegía del viento y la lluvia, donde podían vivir, comer, calentarse, trabajar y se encontraban protegidos del mundo exterior.
3.2 Estructuras de habitación
Las estructuras de habitación evolucionaron mucho, debiendo diferenciar las zonas en las que el frío era más intenso de aquellas con un menor rigor climático.
3.2.1. Zonas frías
En las estepas de Ucrania y Rusia se han encontrado estructuras complejas que demuestran una adaptación de las gentes al medio. Se trata de zócalos circulares de piedras grandes sobre las que se apilaban huesos de mamut, que se aproximaban entre sí a medida que alcanzaban altura hasta cerrarse casi en forma de cúpula. Los espacios que quedaban abiertos se rellenaban con arcilla y en la parte superior se empleaban largas ramas cubiertas por pieles, que a la vez servían de aislante térmico. También se empleaban las astas de los grandes megaceros. Estas cabañas podían tener un diámetro de unos 5 m y una altura de 2 a 3 metros. Las pieles impermeabilizarían la cabaña, y estarían sujetas en la parte alta con largos colmillos y en el suelo con tierra, para no ser arrastradas. En el centro de las cabañas se han hallado hogares de pequeño tamaño rodeados de piedras. Se supone que debían quemar huesos y excrementos secos, ya que la madera era escasa. En cuanto a comodidades en el interior de las cabañas, apenas se pueden hacer suposiciones. Quizás utilizasen lechos de hojas cubiertas por pieles.
3.2.2. Cabañas en cuevas
Son chozas menos complejas y más antiguas que las cabañas de zonas frías. En muchos casos se trata de simples estructuras de palos hincados en la arcilla blanda del suelo, recubiertos de pieles, en cuyo centro se encontraría el hogar.
3.2.3. Cabañas en zonas templadas
En zonas templadas existen otra serie de cabañas de mayores dimensiones. En su interior se han hallado numerosos hogares y restos líticos y óseos.
3.3 Los hogares
En la mayoría de yacimientos las únicas estructuras de habitación que se encuentran son los restos de hogares, que jugaban un papel importante en los asentamientos paleolíticos como centro de actividades domésticas. Eran el lugar de preparación culinaria, de consumo de los alimentos, de actividades necesitadas de una fuente de luz o calor.
La denominación de hogar se aplica a todo grupo de restos de carbón que aparecen en los cortes o que se manifiestan en el decapado, confundiéndose a veces con sus propios desechos o con detritus provenientes de limpiezas domésticas. Esta distinción es importante, ya que el hogar puede ser el centro de la habitación mientras los desechos están en el exterior.
La diversidad de los vestigios asociados a los hogares, sugieren una cierta polivalencia. Las diferencias constatadas en el modo de funcionamiento permiten imaginar una relativa especialización, siendo frecuente la asociación de varias estructuras de morfología diferente. En algunos yacimientos se ha constatado la coexistencia de hogares domésticos y hogares satélites, cuyas formas y contextos difieren sensiblemente.
3.4 Cuevas y abrigos
En muchas ocasiones se utilizó la entrada de la cueva para establecer el hábitat, así como el interior de la misma y los abrigos rocosos para hábitats temporales. En el caso de las cuevas, incluso se han encontrado en ellas arte rupestre, así como zonas "pavimentadas" para aislarlas de la humedad a base de grandes losas yuxtapuestas.
4. VIDA ESPIRITUAL Y ENTERRAMIENTOS
La existencia de inhumaciones intencionadas en el Paleolítico Superior está bien documentaba en numerosos yacimientos. Los animales no entierran a sus congéneres muertos, este acto es exclusivo del hombre. Se puede intuir que cuando los hombres alcanzaron el grado espiritual suficiente para llevar a cabo una vida en común y de ayuda mutua en el seno de la comunidad, se estableció un espíritu de convivencia que unía los sentimientos del clan. La costumbre de enterrar a los muertos de lado, en posición encogida y con los brazos replegados junto a la cabeza o estirados, nos recuerdan posturas que hoy en día se usan todavía para dormir, pues para estas gentes la diferencia entre la muerte y el sueño era prácticamente inexistente.
Los primeros enterramientos que tienen una clara intencionalidad son los de los neandertales, a pesar de que se han encontrado ciertos indicios de espiritualidad en los Homo heildelbergensis (acumulación de los muertos en lugares comunes). Muchos de los esqueletos neandertales hallados en cuevas han sido históricamente considerados como el resultado de prácticas funerarias. Existen dudas sobre si el enterramiento en sí mismo tenía algún tipo de significado simbólico, ya que las pruebas de ritualidad (acumulación de huesos, enseres, etc.) son dudosas, y algunos autores las atribuyen a la casualidad.
De las aproximadamente 200 sepulturas en diferentes estados de conservación que se conocen, es posible deducir algunas características generales:
- Todas ellas se encuentran en el área de habitación, ya sean cuevas o cabañas. No se conocen inhumaciones aisladas.
- No se aprecia una discriminación sexual o de edad cuando las fosas son compartidas.
- En general, contienen uno o dos esqueletos, como máximo tres, salvo excepciones como Predmostí (Eslovaquia), con restos de unos veinte individuos.
- El contenido más rico o más pobre de una tumba podría atestiguar el estatus social del individuo enterrado.
La orientación de los cuerpos es variada. Se han encontrado enterramientos en posición fetal hacia la izquierda o hacia la derecha, así como en postura alargada reposando sobre la espalda y los brazos estirados a lo largo del cuerpo. Algunos han aparecido en una postura que demuestra que fueron enterrados después de haber sido atados en cuclillas. También se han encontrado inhumaciones con losas que sirven de almohada al muerto, o debajo de una estructura en forma de caja de losas de piedra colocadas vertical y horizontalmente. En Europa oriental se sustituyen las piedras por huesos de mamut.
Otra innovación del Paleolítico Superior es el amplio uso del ocre rojo en los enterramientos. Casi en la mitad de los excavados los muertos reposan o se hallan cubiertos de una capa de colorante rojo. Son muchas las teorías para explicar su uso, pero recientes investigaciones demuestran la propiedad del ocre para conservar el colágeno, y es posible que se usara para preservar los cadáveres de la descomposición.
Así, las sepulturas del Paleolítico Superior nos aportan numerosos datos de sus habitantes, como puede ser el aspecto físico, su economía, algunas enfermedades que padecían, el rango social, así como poder determinar su estadio cultural.
5. LA VESTIMENTA
Es difícil precisar cuándo el Hombre se cubrió su desnudez por primera vez. En algún momento entre el Homo erectus y el Homo sapiens, apareció la primera vestimenta, que seguramente surgió debido a la necesidad de abrigarse. Por otra parte, la etnología comparada muestra cómo a finales del siglo XIX los indios de la Patagonia únicamente se cubrían a veces con capas de pieles a pesar del intenso frío.
Únicamente tenemos constancia de la existencia de una vestimenta intencional a partir del Paleolítico Superior. En muchos enterramientos se han hallado objetos de adorno, cuyo desgaste indica que el muerto ya los utilizaba cuando estaba vivo. En el oeste europeo dominan los colgantes y adornos hechos a base de conchas y piezas dentarias de zorro o ciervo, mientras que en la Europa oriental estas mismas formas se reproducían en marfil o arcilla.
Pese a que la vestimenta era de pieles y, por tanto, no ha llegado hasta nosotros, se han encontrado elementos de adorno que permiten reconstruir la vestimenta. El más espectacular es el de Sungir (Rusia), donde se hallaron más de 3.500 perlas o cuentas de marfil de mamut que dibujaban bastante bien el vestido que llevaba el difunto (bandas rodeando todo el cuerpo: pecho, tórax, caderas, cabeza...). Elementos de adorno más modestos se han encontrado también en otros enterramientos.
Las representaciones del arte paleolítico no ofrecen mucha información sobre las vestiduras. Únicamente algunas estatuillas de marfil nos permiten reconocer un vestido a base de pieles compuesto por un pantalón y un anorak con capucha.
6. ESTRUCTURA SOCIAL
La densidad de población debió ser muy variable según épocas y lugares. Puede estimarse que la mayoría de grupos estarían compuestos de unas 40 a 60 personas, aunque en determinados yacimientos pudo sobrepasarse el centenar. En general, el hombre del Paleolítico Superior debió vivir en pequeños grupos de dos o tres núcleos familiares interrelacionados entre sí, para poder ser una unidad social capaz de mantenerse y subsistir con los alimentos conseguidos en una zona. En determinados momentos debían relacionarse con otros grupos, en encuentros casuales o preestablecidos, para el intercambio de ideas, productos y parejas. Posiblemente existían uniones entre hombres y mujeres más o menos firmes, pero sin carácter monógamo. Es probable que cada grupo tuviera su jefe, que decidía los desplazamientos estacionales, relaciones entre grupos y dirección de la caza. Esta jefatura no dependería de ningún código, y se basaba en la edad, fuerza, inteligencia y destreza en las cacerías.
La duración de la vida humana oscilaría en torno a los 30 años. Quizás solo dos de cada 10 alcanzaba los 40 años y muy pocos los 50. Probablemente casi todas las mujeres, desde muy jóvenes, eran capaces de tener hijos y la mayoría estarían criando a uno de los hijos y a la vez estarían embarazadas de otro. Pudo haber infanticidio y geronticidio en épocas de escasez de alimentos. Las principales causas de muerte serían la enfermedad y las heridas de caza. De cualquier modo, no se encontraban totalmente indefensos frente a la adversidad, y se cree que tenían un amplio conocimiento de las propiedades medicinales de algunas plantas, practicando también una rudimentaria cirugía (trepanaciones craneales y reparación de fracturas óseas).
Durante los últimos 30.000 años, el Homo sapiens sapiens es la única especie humana existente en el mundo. Fue probablemente durante estos últimos 30.000 o 20.000 años cuando la humanidad se subdividió en tres grandes grupos raciales: el caucasoide (europeos actuales e indios), mongoloide (asiáticos e indios americanos) y negroide. Algunas razas desarrollaron características muy particulares como resultado de vivir más o menos aislados en determinadas regiones con condiciones climáticas extremas (rasgos típicos mongoloides, o rasgos negroides, que reflejan su adaptación a climas fríos o cálidos, respectivamente).
7. LA MÚSICA
El desarrollo de la música como una de las artes plásticas, ha llegado hasta nosotros a través de diversos restos. Así, existen pruebas de la existencia de la música y la danza. Se han encontrado diversas formas de instrumentos musicales como flautas, silbatos, rombos o tambores realizados todos ellos en hueso. Las coladas estalagmíticas muestran muchas veces puntuaciones pintadas y funcionaban muchas veces a modo de litófonos.
Algunas figuras humanas pintadas o grabadas en algunas cavernas parecen estar disfrazadas y usando el arco musical. La existencia en algunas cavernas de huellas de pies con una distribución irregular, pueden sugerirnos la práctica de danzas o bailes rituales.
8. RELIGIÓN Y MAGIA
No se posee ningún documento sobre las ceremonias mágicas de los hombres del Paleolítico Superior, pero su realidad es percibida por muchos investigadores a través del arte plasmado en las paredes. Las pinturas, grabados, estatuillas y bajorrelieves suelen interpretarse como objetos mágicos, símbolos íntimamente asociados con el rito y lo sobrenatural.
Se hace difícil separar religión y actividad estética, pues el conjunto de manifestaciones responde a un proceso de exaltación social y de una multiplicación de los símbolos que han de tomarse como un todo.
La etnografía comparada ha sido uno de los motores para la aceptación de la religión prehistórica, y uno de sus triunfos ha sido el poder demostrar a la vez la simplicidad de ciertos esquemas de comportamiento y la extrema complejidad y diversidad de su actualización técnica.
No es posible saber si el hombre prehistórico creía en algún dios o simplemente en "los espíritus". El hecho de que enterrase a sus muertos puede tomarse como un indicador de creencias en otra vida. Por otra parte, desde hace unos años se ha resucitado el concepto del Chamanismo. Los chamanes son individuos que se preparan para el conocimiento durante la mayor parte de su vida. Son los depositarios de la sabiduría y los intermediarios entre el mundo de los humanos y los otros mundos. Parece que debieron existir unos brujos, chamanes u hombres sabios que actuaban como sanadores y mediadores con los espíritus, tan como vemos en algunas representaciones ubicadas en la profundidad de las cavernas.