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2007 Todos los derechos reservados.
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LA CRISIS DE INDEPENDENCIA
Segunda Parte



HALPERIN DONGHI, T. Historia Contemporánea de América Latina. Alianza. Madrid. 1986. pp 71-101



INTRODUCCIÓN
Ese edificio colonial que entró en rápida disolución a principios del siglo XIX; en 1825 Portugal había perdido todas sus tierras americanas, y España solo conservaba a Cuba y Puerto Rico.¿Por qué este desenlace tan rápido?- preguntó el sagaz halperin.
Por lo menos para América española se han subrayado las consecuencias de la solo parcialmente exitosa reformulación del pacto colonial que hacia sentir más duramente en las colonias el peso de una metrópoli. La lucha por la independencia sería en ese aspecto la lucha por un nuevo pacto colonial, que conceda a esos productores accesos menos limitados al mercado ultramarino.
Al lado de la reforma económica estaba la reforma  político administrativa. Se ha visto ya como esta no había resuelto los problemas fundamentales del gobierno de la América española y portuguesa. Pero no haya duda de que esta reforma aseguró a las colonias una administración más eficaz que la antes existente, una de las causas profundas de su impopularidad. Pero no era la única, al lado de ella, estaba la invocada de la preferencia de la Corona por los funcionarios metropolitanos. Esto no se debía sino al temor de dar poder administrativo a figuras aliadas de antemano con las fuerzas localmente poderosas que seguían luchando tenaz y silenciosamente contra la pretensión de la Corona a gobernar de veras sus India.
La misma resistencia se manifestaba frente a los cambios en la estructura comercial: ese enjambre de mercaderes metropolitanos que en la segunda mitad del siglo XVIII avanzaba sobre los puertos y nudos comerciales de las Indias era aborrecido aún por quienes no habían sido afectados directamente por su triunfo.
Convendría no exagerar las tensiones provocadas por este intento de reordenación de las Indias, ellas anuncian mas bien que una cercana catástrofe, los delicados y lentos reajustes de una etapa de transición necesariamente larga.
No es en la renovación ideológica donde se encuentra un contenido políticamente revolucionario. Por el contrario, era la corona la más poderosa de las fuerzas renovadoras que actuaban en Hispanoamérica. La critica de la economía colonial no implicaba entonces una discusión del orden monárquico o de la unidad imperial.
Sin duda, ya para fines del siglo XVIII, esta fe antigua y nueva tenia sus descreídos. Podemos encontrar un elemento desencadenante común en las tensiones creadas por la reforma administrativa, que en manos de burócratas demasiado ávidos significó sobre todo un aumento de la presión impositiva; pero las respuestas son muy variables..
Menos discutible es la relación entre la revolución de independencia y los signos de descontento manifestados en muy estrechos círculos dentro de algunas ciudades de Latinoamérica desde aproximadamente 1790, en los mas variados rincones de Latinoamérica hay signos muy claros de una nueva inquietud. El resultado de esos episodios eran los mártires y los desterrados aventureros. El fruto del alcance de las nuevas ideas políticas fue muy real, pero este avance mismo es consecuencia de un proceso más amplio lo nuevo después de 1776 y sobre todo de 1789 no son las ideas, es la existencia misma de una América republicana, de una Francia revolucionaria. En la América española en particular, la crisis de independencia es el desenlace de una degradación del poder español que, comenzada hacia 1795, se hace cada vez más rápida. Ese poder se hace ahora más lejano. La guerra con Gran Bretaña que domina el Atlántico separa progresivamente a España de sus Indias. . Un conjunto de medidas de emergencia autoriza la progresiva apertura del comercio colonial con otras regiones (colonias extranjeras, países neutrales) a la vez conceden a los colonos libertad para participar en la ahora más riesgosa navegación sobre las rutas internas del imperio. El comercio de Buenos Aires se mueve en un horizonte súbitamente ampliado.
Esta transformación es paulatina: solo trafalgar, en 1805, da el golpe de gracia a las comunicaciones atlánticas de España.: la libertad que derivaría de una política comercial elaborada por las colonias mismas pasa a ser una aspiración cada vez mas viva, sumada al espectáculos mismo de una metrópoli que no puede ya gobernar la economía de sus colonias. En lo administrativo, el agotamiento de los vinculos entre la metrópoli y las colonias comenzara a darse mas tardíamente que en lo comercial, pero en cambio tendrá un ritmo más rápido. Por otra parte la Europa de las guerras napoleónicas no esta tampoco dispuesta a asistir a una marginalización de las Indias. Sin el semiaislamiento de ese quinquenio pudo parecer a algunos hispanoamericanos que la ruptura del lazo colonial iba a permitir prolongar  los esbozos de autonomía mercantil en curso hasta alcanzar una independencia económica autentica, ese desenlace era en los hechos extremadamente improbable.
Pero para otros la independencia política no debe ser a la vez económica. He aquí algunas de las alternativas que la disolución del lazo colonial plantea ya antes de producirse: en 1806, en el marco de la guerra europea, el dominio español en indias recibe su primer golpe grave: en 1810, ante lo que parece ser la ruina inevitable  de la metrópoli, la revolución estalla desde México a Buenos Aires.
En 1806 la capital del virreinato del Río de la Plata es conquistada por sorpresa por una fuerza británica. Los conquistadores capturan rico botín de metálico, que será paseado en triunfo en Londres y finalmente un oficial naval francés al servicio del rey de España conquista Buenos Aires con tropas que ha organizado en Montevideo. Al año siguiente una expedición numerosa conquista Montevideo, pero fracasa  frente a Buenos Aires, donde se han formado milicias de peninsulares y americanos.. La legalidad no se ha roto; el régimen colonial está, sin embargo, deshecho en Buenos Aires : son las milicias las que hacen la ley , y la Audiencia ha tenido que inclinarse ante su voluntad.
Este anticipo del futuro es seguido por una crisis más general. Es el estallido de un drama de corte, cuyo ritmo gobierna desde lejos Bonaparte, el paradójico protector de los Borbones de España, que los utiliza para lograr el cambio de dinastía.. La guerra de independencia española es parte de un conflicto mundial sin el cual no hubiera sido posible.
Son los peninsulares quienes dan los primeros golpes a la organización administrativa colonial. En México reaccionan frente a la inclinación del virrey Iturrigaray a apoyarse en el cabildo de la capital, predominantemente criollo, para organizar con su colaboración una junta de gobierno que, como metropolitana de Sevilla, gobernase en nombre del rey cautivo, Fernando VII. El 15 de septiembre de 1808, un golpe de mano de los peninsulares captura al virrey y lo reemplaza. En el Río de la Plata, el cambio de alianzas de 1808 coloca a Liniers bajo una luz sospechosa. Una tentativa del cabildo de Buenos Aires, predominantemente europeo, por destituirlo, fracasa, debido a la supremacía local de las milicias criollas. Pero en Montevideo, ciudad de guarnición, los oficiales peninsulares dominan y establecen una junta que desconoce al virrey y pretende gobernar todo el virreinato..
Los movimientos criollos reiteraran sustancialmente el mismo esquema de los antes dirigidos por peninsulares: en Chile, en 1808, apoyan al jefe de la guarnición contra el presidente de la Audiencia, y logran hacerlo gobernador interino. En Buenos Aires, al salvar a Liniers de las acechanzas del Cabildo dominado por peninsulares, los oficiales de las milicias criollas afirman  una vez mas su poder a comienzos  de 1809.
Estos movimientos criollos se habían mantenido en el limite de la legalidad. En 1809 otros iban a avanzar hacia la rebelión abierta.. En el Alto Perú  adquirió, el conflicto, matices políticos al hacerse sentir los efectos de la acción de la infanta Carlota Joaquina, hermana del rey cautivo de España, refugiada desde 1808 con su esposo, el regente de Portugal, en Río de Janeiro. En Charcas , los oidores ante el peligro de ser anticipados por su rival, prohijaron una junta local, destinada a gobernar en nombre del rey cautivo. A esa revolución de criollos blancos sigue la revolución mestiza de La Paz. Ambas son sofocadas por tropas enviadas por los virreyes de Lima y Buenos Aires.
En la presidencia de Quito , el presidente intendente fue igualmente depuesto, en agosto de 1809, por una conspiración de aristócratas criollos; Un senado, presidido por el marques de Selva Alegre, pasó a gobernar sobre la entera jurisdicción. Su poder duro poco; un año después, algunos jefes del movimiento eran ejecutados.
Esos episodios preparaban la revolución, en Nueva Granada, en 1809, el virrey acepto ser franqueado por una junta consultiva. En el naufragio del orden colonial, los puntos reales de disidencia eran las relaciones futuras entre la metrópoli y la Indias y el lugar de los peninsulares en estas.
Por otra parte, esta España resistente, reducida a Andalucía y luego al recinto de Cádiz, parecía dispuesta a revisar el sistema de gobierno de sus Indias, y transformarlas en provincias ultramarinas de un reino renovado por la introducción de instituciones representativas; en cuanto a la economía, la alianza británica, de la que dependía para su supervivencia la España antinapoleonica, aseguraba que el viejo monopolio estaba muerto.
En cambio, el problema del lugar de los peninsulares en Hispanoamérica se hacía cada vez mas agudo, las revoluciones comenzaban por ser tentativas de los sectores criollos de las oligarquía urbanas por reemplazarlos en el poder político. En los virreyes, los intendentes, las audiencias, se veía sobre todo a los agentes de la supremacía de los españoles de España sobre las clases altas locales. En cambio, en México y las Antillas otras tensiones gravitan mas que los españoles y elites criollas blancas: en las islas la liquidación de los plantadores blancos de Haití proporcionaba una lectura sobre los peligros de una escisión dentro de la población blanca. En México fue la protesta india y mestiza, la que domino la primera etapa de la revolución, y la condujo al fracaso, al enfrentarla con la oposición conjunta de peninsulares y criollos blancos..

Capitulo 1
UNA GUERRA CIVIL AMERICAN: 1810-1815
A.        La caída de Sevilla
En 1810 se dio otra etapa en el que parecía ser irrefutable el derrumbe de la España antinapoleonica. Este episodio proporcionaba a la América española la oportunidad de definirse nuevamente frente a la crisis del poder metropolitano: en 1808, una sola oleada de lealtad dinastica y patriotismo español había atravesado las indias . Dos años de experiencia con un trono vacante parecian anticipar ahora una repuesta mas matizada..
La caída de Sevilla es seguida en casi todas partes por la revolución colonial; una revolución que ha aprendido ya a presentarse como política y apoyada en la legitimidad. Sin duda había razones para que un ideario independentista maduro prefiriese ocultarse a exhibirse. Pero, en medio de la crisis del sistema político español, el pensamiento de los revolucionarios podía ser más fluctuante de lo que la tesis del fingimiento quiere suponer. Los revolucionarios no se sienten rebeldes, sino herederos de un poder caído. En todas partes el nuevo régimen aspira a ser heredero legitimo de este.
Las revoluciones que se dan sin violencia tienen por centro el Cabildo. La institución del Cabildo Abierto asegura en todos los casos la supremacía de las elites criollas. Son los cabildos abiertos los que establecen las juntas de gobierno  que reemplazan a los gobernantes designados desde la metrópoli. Ese prudente cuidado de la legitimidad lleva la huella de lo que fueron esos primeros jefes del movimiento emancipador: abogados, funcionarios, maduros comerciantes trocados en jefes de milicias.
Las elites criollas de las capitales toman su venganza por las demasiadas postergaciones, los funcionarios metropolitanos, están dispuestas a abrir a otros sectores una cierta participación en el poder, institucionalizada en reformas liberales pero no apoyan cambios demasiado profundos en las bases reales del poder político.
En todas partes funcionarios, clérigos, militares peninsulares utilizan su poder en contra de un movimiento que saben tramado en su daño: la defensa de su lugar en las Indias la identifican con la del dominio español. Hay así una guerra civil que surge en sectores dirigentes.

B.        La guerra
Las nuevas autoridades requieren la adhesión de sus subordinados. De la revolución surge de inmediato la guerra; hasta 1814, España no puede enviar tropas contra sus colonias sublevadas, y aun entonces ellas solo actúan eficazmente en Venezuela y Nueva granada.

Río de la Plata
La junta revolucionaria envía dos expediciones militares a reclutar adhesiones: una de ellas dirigida por Belgrano, fracasa en el Paraguay. Otra tras conquistar Córdoba y fusilar a Liniers, recoge las adhesiones del resto de Tucumán y ocupa casi sin resistencia el Alto Perú. Allí la expedición emancipa a los indios del tributo. En julio de 1811, en Huaqui las fuerzas enviadas por el virrey del Perú vencen a las de Buenos Aires, el Alto Perú y sus riquezas quedan perdidos para la causa revolucionaria. La frontera de la revolución se fijara sobre Tucumán y Salta en la que será Martín de Guemes, aristocrático jefe de la plebe rural quien la defienda con recursos locales.
Los revolucionarios de Buenos Aires han demostrado que son capaces de buscar apoyos en sectores que la sociedad colonial colocaba muy abajo. Por el contrario, en teatros más cercanos la clase dirigente revolucionaria de Buenos Aires iba a mostrarse más circunspecta.
La revolución de 1810 iba a ser punto de partida de una nueva disidencia de Montevideo, la que contaba con la presión de la estación naval española y sus oficiales peninsulares. Frente a ella, el gobierno revolucionario, se decidió a una acción militar: en 1811 junto con Portugal, era Gran Bretaña la que aparecía como arbitro de la situación en esa frontera. Al mismo tiempo iba a darse en la Banda Oriental un alzamiento rural encabezado pro José Artigas quien retomaba la lucha contra el Montevideo realista, una insegura alianza se estableció entre el artiguismo y el gobierno de Buenos Aires. En 1814, una fuerza comandada por el general Alvear conquista Montevideo. Entre Rios, Corrientes y Santa Fe se constituían bajo la égida del Artiguismo, proclamado protector de los pueblos libres.  El movimiento artiguista encontró oposición en el gobierno de Buenos Aires que veía en el una expresión de protesta social.
La junta constituida para reemplazar al virrey estuvo bien pronto dividida entre los influjos opuestos de sus presidente, el Coronel Saavedra, maduro comerciante altoperuano que era desde 1807 jefe de las milicias criollas de Buenos Aires y en 1809 había salvado a Liniers de las asechanzas de los peninsulares alzados, y de su secretario, Mariano Moreno, quien estaba detrás de las medidas depuradoras: expulsión del virrey y la audiencia, cambio del personal del Cabildo, ejecución de los jefes de la oposición cordobesa. Su influjo fue creciendo a lo largo de 1810, logró de la junta medidas humillantes para Saavedra, su política tendía a hacerlo impopular en la medida que se adivinaba su tentativa de imponer en el Río de la Plata una réplica de la Francia republicana.
A fines de 1810 la junta debió ampliarse para incluir representantes de los cabildos de las demás ciudades del virreinato. Moreno renunció y aceptó un cargo diplomático en Londres; murió en la travesía. El triunfo de los moderados se reveló también efímero, a fines de 1811 debían establecer un gobierno mas concentrado- El Triunvirato- para enfrentar la difícil situación revolucionaria.
Esta severidad nueva no salvo a la fracción saavedrista de ser expulsada por un revolución militar en octubre de 1812, ella marcó el fin del predominio de las milicias urbanas , ahora eran oficiales de un ejercito regular quienes dictaban la ley.
La logia lautaro iba a dirigir de modo apenas secreto la política de Buenos Aires hasta 1819. Entre sus miembros se contaban San Martín y Alvear. Alvear, luego de la conquista de Montevideo, tomo personalmente el gobierno y tendió a apoyarse en el ejercito como instrumento de represión. Finalmente, fue la parte del ejercito enviada a combatir al artiguismo litoral quien prefirió derrocar a Alvear; con su caída concluía un ciclo de la revolución rioplatense.

Chile
La revolución de Chile moría en 1814. También aquí las facciones habían deshecho la solidaridad del movimiento. La junta creada en septiembre de 1810, de tendencias moderadas, bajo la influencia de Martínez de Rosas fue orientándose en sentido radical. Ante la amenaza que representaba Perú, Chile debía crear un ejercito, y este iba a gravitar cada vez mas en el desarrollo político. En abril de 1811, una conspiración realista fue reprimida. Al mes siguiente la revolución se institucionalizaba en el Congreso Nacional. El triunfo de las tendencias radicales fue, sin embargo, asegurado por un golpe militar dirigido por José Miguel Carrera, joven oficial regresado de España.
Ese radicalismo dominado por la aristocracia santiaguina y un grupo de esclarecidos administradores, parecía dejar demasiado poco espacio al jefe al que debía su triunfo; en noviembre una nueva revolución militar establecía la dictadura de Carrera.
Pero a principios de 1813, las tropas desembarcadas de Perú, en el sur de Chile, comenzaba la lucha contra la revolución. Caída Talca , el movimiento chileno redescubría su orientación moderada pactaba en Lircay, la reconciliación con el invasor. Carrera logró huir de prisión ; en Santiago, mediante un nuevo golpe militar, expulsó al dictador moderado de la Lastra y se preparó para la ultima resistencia; el primero de octubre de 1814, O`Higgins era vencido en Rancagua, mientras Carrera permanecía en la retaguardia. El general realista Osorio entraba en Santiago; los mas significados revolucionarios huían a Mendoza, mas allá de la cordillera, donde podían proseguir con mas calma sus luchas internas.

El norte de América del Sur: Venezuela, Nueva Granada.
En el norte de Sudamérica las alternativas de la primera etapa revolucionaria eran aún más dramáticas. En Venezuela la revolución del Jueves Santo de 1810, que colocaba al frente de la capitanía a una junta de veintitrés miembros, encontraba finalmente una cabeza en Miranda. Recibido sin entusiasmo por los oligarcas que controlaban el movimiento revolucionario, Mirnada intentó dotarlo de un aparato militar eficaz, y a la vez radicalizado: en julio de 1811 la revolución venezolana proclamara la independencia de España. Esa revolución controlaba el litoral del cacao; el oeste y el interior seguían leales a la causa del  rey.
El 30 de junio la guarnición revolucionaria del Puerto Cabello se pronunciaba por la causa realista; Bolívar, que había actuado hasta el momento entre los secuaces radicales de Miranda, y era oficial en su ejército, fracasó en una tentativa de sofocar el alzamiento. Mientras tanto, el desorden crecía en las plantaciones de los jefes revolucionarios: la revolución comenzaba a alborotar a los negros y pareció llegado el momento de darla por terminada. Un armisticio la concluía: en un episodio oscuro Miranda fue entregado a los relistas.(Bolivar intervino)
Mientras los mantuanos; los aristócratas de Caracas daban por terminada su fútil revolución, otros continuaban la lucha: los pescadores y marineros negros y mulatos de la isla Margarita y la costa de Cumana. La guerra en el Este tomo pronto carácter salvaje: Los alzados mataban con especial predilección a los colonos canarios, mientras que estos se constituían en columnas realistas, cazando revolucionarios.
Mientras Mariño, el jefe del alzamiento de Cumana, avanzaba desde el este, Bolívar reaparecía en los Andes venezolanos: También él avanzaba hacia Caracas decretando la guerra a muerte, el exterminio de todos los peninsulares y canarios que pudiesen caer bajo la venganza revolucionaria. En Agosto entraba en Caracas.
La resistencia realista encuentra a un nuevo jefe en Boves y con él la zona de los llanos entra en la lucha. Aquí había surgido una humanidad mestiza de pastores jinetes, dirigidos por capataces en nombre de propietarios a menudo remotos. Boves los conduciría hacia Caracas. Bolívar se refugiaba en Nueva Granada, para pasar a Jamaica.
Venezuela se transformaba ahora en fortaleza realista: en 1815, 10000 hombres  mandados por el teniente general Morillo, llegaban de la metrópoli y preparaban, desde Caracas, el golpe de gracia contra la revolución de Nueva Granada. Mas daño iba a recibir la revolución neogranadina de sus propios jefes y de las tendencias dispersiva que en ella iban a dominar.. En la region que albergaba a la capital virreinal, Nariño, que hacia las veces de revolucionario extremo, lograba desplazar al mas moderado Lozano y erigirse en presidente de la republica de Cundinamarca. Solo en 1814 la confederación neogranadina lograba, a su vez, conquistar Bogota y, establecer un gobierno incapaz de hacerse obedecer en toda la zona revolucionaria de Nueva Granada. Bolívar, retornado a Nueva Granada abandonó la lucha cuando se hizo evidente que el movimiento se resistía a unificarse. Morillo entraba primero en Cartagena y luego en Bogota; del alzamiento del norte de Sudamérica parecía no quedar ya nada.

Conclusión
En 1815, solo quedaba en revolución la mitad sur del meridional del virreintato del Rio de la Plata. La metrópoli devuelta a su soberano comenzaba a enviar hombres y recursos.
Solo en Venezuela y en algunas zonas marginales del Río de la Plata se había asistido a una movilización popular en vasta escala. La disciplina social parecía a punto de desvanecerse y la guerra de ricos contra pobres a punto de estallar. Los jefes realistas y patriotas se ven obligados a armar un numero creciente de soldados reclutados de la plebe y las castas.. Ahora pasan a primer plano los jefes criollos. Tenían además que dotarlos de recursos lo que provoca una inmensa destrucción de riqueza.
Esos cambios económicos se suman a la libertad de comercio, lo que significa una vertiginosa conquista de las estructuras mercantiles por emprendedores comerciantes ingleses.
La lucha contra el peninsular va a significar la proscripción sin inmediato reemplazo de una parte importante de las clases altas coloniales.
La guerra misma va a tomar ahora un nuevo carácter. Las soluciones políticas se subordinan a las militares que se transforma en una guerra en regla.
Entre la primera y la segunda etapa de la revolución hispanoamericana se dio la restauración en España y en Europa. El gobierno británico abandona su cautelosa ambigüedad frente a la revolución..
La restauración absolutista española enfrentaba demasiados problemas internos para poder consagrar un esfuerzo constante al sometimiento de las colonias. Por lo tanto salva lo salvable y reconoce la independencia de las tierras  que se habían revelado inconquistables, manteniendo el dominio sobre las más sumisas.