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2007 Todos los derechos reservados.
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La colonización Fenicia y Griega
Introducción



Desde el I milenio a.C. se produce en el Mediterráneo el denominado "gran fenómeno colonial", emprendido por dos pueblos, el fenicio y el griego.

Los fenicios fueron los primeros que iniciaron el largo proceso de influencia cultural sobre los pueblos indígenas de occidente que estaban aún en plena Prehistoria, con avances tecnológicos (la navegación, metalurgia del hierro, el torno cerámico, técnicas agrícolas y cultivos nuevos, como la vid y el olivo, el urbanismo y las técnicas constructivas) y adelantos culturales (el alfabeto, el arte, la religiosidad, etc.). Son los responsables de la apertura de la civilización y de la entrada en la Protohistoria de los pueblos sobre los que inciden.

Los griegos, que habían experimentado también la colonización fenicia, siglos más tarde inician la colonización, actuando sobre poblaciones que se habían visto afectadas por la cultura fenicia, profundizando en todos aquellos aspectos. Las diferencias entre ambos a veces son de matiz y otras más profundas, que derivan del contraste entre la mentalidad europea y asiática.

Ambos contribuyeron a dar formas a culturas que, como la tartésica o la ibérica, exhiben una gran personalidad, en las que ha veces es comprometido deslindar tal o cual rasgo cultural.
1. Los fenicios
Hacia el año 1200 a.C., debido a la invasión israelita y la inestabilidad de "los Pueblos del Mar", Canaan queda reducido a lo que será propiamente Fenicia.

Los fenicios eran una rama de los cananeos que ocuparon la franja costera del Mediterráneo, desde Arvad (Siria) hasta un poco más al sur del Monte Carmelo (coincide prácticamente con el Líbano actual). El término po-ni-ki-jo aludiría a los habitantes de la costa sirio-palestina que tenían la "piel roja". Su lengua era la semítica y difunden ampliamente su alfabeto por el mundo occidental.

Nunca constituyeron un estado unitario. La situación geográfica de sus ciudades favoreció una política de ciudades estado regidas por monarquías independientes locales, aunque algunas (Tiro y Sidón) ejercieran una cierta hegemonía sobre las otras.

Desde el punto de vista económico, Fenicia no tiene materias primas, y tenía una insuficiente producción agrícola para su gran población, sobre todo a partir del siglo X a.C.  Su principal riqueza era la madera de los bosques de Líbano, base de su importancia marítima y del comercio con Egipto y Mesopotamia. Tenían una importante industria de la púrpura y de la salazón de pescado.

Entre 1200-1050 a.C. es un período oscuro en Fenicia; algunas ciudades como Tiro y Biblos logran restablecerse de las invasiones y reanudan su actividad comercial durante el Hierro Antiguo (1150-900 a.C.), siendo Biblos el primer centro maderero con Egipto. Tiro sufre una destrucción violenta y fue reconstruida en el 1191 a.C., convirtiéndose a partir del siglo X a.C., con Hiram I (969-936 a.C.), en la ciudad hegemónica de Fenicia en vez de Sidón. A partir del 900 a.C. hay un renacimiento cultural, según los restos arqueológicos de necrópolis como Khaldé (Biblos) y otras. El Libro I de los Reyes dice que Hiram I funda el imperio comercial de Tiro, aliado con Salomón de Israel, y accede a las rutas interiores del continente asiático, abriendo nuevos mercados en Oriente. Otras fuentes dicen que se producen los primeros contactos con Chipre.

Desde mediados del siglo IX a.C. hay presencia fenicia en Grecia, y es a partir de ahora cuando el mundo griego empieza a conocer de primera mano los elementos culturales que acabarán por favorecer su desarrollo, y que provocarán con el tiempo la aparición del estilo orientalizante y que terminarán con la adopción por los griegos de la escritura alfabética.
1.1. La colonización fenicia hacia Occidente
El motivo principal de la expansión fenicia fue la obtención de metales como contrapartida por la pérdida de mercados en el Mar Rojo. Obtenían plata de Iberia, estaño en el área noroccidental de Europa y oro procedente de África. Igualmente, la presión asiria del siglo IX a.C. afectó su precaria economía, al igual que la presión demográfica de las ciudades fenicias orientales, lo que intensificó la búsqueda de nuevas materias primas en Occidente.

La colonización llegó directamente de Oriente a Occidente. Se establecen rutas que garantizan las comunicación con una serie de puertos intermedios, labor desempeñada por Tiro y otras ciudades de la costa levantina.

Cronología
El desarrollo anterior plantea problemas para fijar las primeras fases. Al período que va del siglo XII al IX a.C. se le llama precolonización en el que se dan una serie de exploraciones costeras e inicios comerciales sin intentos de asentamientos, según los escasos restos arqueológicos, aunque las fuentes literarias aplican a este período las fundaciones de Lixus, Cádiz (1100 a.C.) y Utica (1101 a.C.).

El hecho de la que la arqueología muestre, a partir del siglo VIII a.C., una consistente presencia y  dominio en las costas del Mediterráneo Central y occidental se ha fijado, aceptando la fecha de fundación de Cartago por las fuentes: 814-813 a.C, el inicio de la colonización a partir de esta fecha,
1.2. Rutas comerciales
La principal nace de las ciudades de Oriente (Tiro, Sidón), pasa por Egipto y sigue la costa africana llega hasta Túnez (Cartago), que divide el Mediterráneo Oriental y el Occidental. Desde este punto se bifurca:
  Sigue por la costa y llega al estrecho de Gibraltar, pasa el Atlántico y
       1.a) Sigue por la costa de Portugal hacia el norte
       1.b) Baja por la costa atlántica marroquí
       1.c) Bordea la costa mediterranea de la P. Ibérica.
  Costea Malta y Gozo, o bien por Sicilia, donde hay dos alternativas:
       2.a) Pasa por Sicilia y sur de Italia.
       2.b) Pasa por Sicilia, Baleares y se encuentran con la ruta 1.c.
1.3. Áreas de instalación
Siguiendo las fundaciones de oriente a occidente hay varias áreas.
Chipre
Enclave fenicio en Kition desde mediados del siglo IX a.C.
Malta y Gozo
Sicilia
Frecuentada posiblemente desde el siglo X a.C. y sin asentamientos hasta el VIII a.C., ocupan el extremo occidental de la isla. Motya es el enclave principal, destacando también Panormo (Palermo) y Solunto (aún sin identificar). Estos tres puertos estratégicos son los enclaves de apoyo a las rutas de navegación, de un lado hacia el norte de África y Península Ibérica, y por el otro hacia el Tirreno. No hay en ella penetración territorial. La isla estaba destinada a favorecer las rutas comerciales, manteniendo buenas relaciones con los indígenas y con las ciudades griegas de la isla.
Cerdeña
Se encuentra en la fase de precolonización a finales del siglo IX a.C., fecha a la que corresponde la Estela de Nora, una de las más antiguas inscripciones fenicias. A partir del siglo VIII a.C. hay un gran número de asentamientos concentrados primero en la costa suroeste, y posteriormente, en el siglo VII a.C., se proyectan hacia el interior, comunicándose con las regiones mineras, controlando casi la mitad del territorio.
Norte de África
Se establecen en Libia y Túnez, con muchos asentamientos: Cartago, Utica, Djidjelli, etc., además de Lixus y Mogador en Marruecos. La cronología ocupa desde finales del siglo IX o principios del VIII al VII a.C..
Península Ibérica
Cádiz fue la colonia más importante del extremo occidental, debido a su gran actividad comercial con Tartessos, y su situación para controlar las rutas hasta Marruecos, Mediterráneo central y la metrópolis oriental. Sin embargo, los restos arqueológicos más antiguos proceden  del poblado costero de Castillo de Doña Blanca (Puerto de Santa María), de la primera mitad del siglo VIII a.C., reflejo de la propia Cádiz, en donde destaca el santurario de Melqart.

A partir del siglo VIII a.C. se produce el asentamiento sistemático de los fenicios en la costa mediterránea andaluza, según los restos hallados desde Cádiz a Almería: Cerro del Prado y Montilla San Enrique (Cádiz), Cerro del Villar del Guadalhorce, Colina de la Alcazaba, Toscanos y Morro Mezquitilla (Málaga), Almuñécar (Granada) y Adra (Almería). Todas estas ciudades, a partir del siglo VI a.C., tendrán un gran desarrollo comercial, recibiendo mercancías del Oriente Mediterráneo.

A partir del siglo VIII a.C. se inicia desde Cádiz la penetración hacia el interior: El Carambolo, Cerro de la Cabeza, Cerro Macareno, Carmona, Setefilla, Colina de los Quemados, Llanete de los Moros y Castulo, donde hay un gran desarrollo económico y cultural, llevándoles hasta Extremadura (Medellín), en busca de  los ricos recursos mineros.

A partir del siglo VIII y durante el VII a.C. se produce el inicio de la presencia en la costa oriental de la Península Ibérica: Los Saladeros (Orihuela, Murcia), La Peña Negra-Crevillente (Alicante), hasta el Bajo Ebro.
Igualmente, a partir del siglo VII a.C. se instalan en la costa sur de Ibiza (Sa Caleta), procedentes de la costa meridional de Iberia.
1.4. Manifestaciones culturales
La presencia fenicia no sólo significó una gran actividad comercial, sino que fue una auténtica colonización con todas sus consecuencias, conllevando la transformación de la sociedades indígenas en su desarrollo económico, social y espiritual. Los cambios más significativos fueron: urbanismo planificado siguiendo el modelo oriental, las creencias religiosas, nuevas industrias, intensificación del comercio y el inicio de la escritura.
Urbanismo
Las ciudades se situaban en promontorios costeros, islotes cercanos a la costa o lugares elevados próximos a ríos. Hay pequeños poblados en el interior, en lugares muy agrícolas. Estaban fortificados por una doble muralla: la interior rodea la acrópolis y la exterior defendía todo el perímetro. Como ejemplos están Motya (con torreones), Kerkuan (con torres salientes) y en la Península Ibérica la muralla de Castillo de Doña Blanca.

Usualmente tenían doble puerto y otras instalaciones al servicios de sus ciudades (fondeaderos naturales, muelles, etc.). En Cartago y otras ciudades existía un cothon (pequeño puerto artifical comunicado con el mar por un canal).
Las viviendas muestran formas y tamaños distintos debido a las diferencias sociales y por otra parte a su destino funcional, pero generalmente las habitaciones se agrupan alrededor de un patio interior. En Cartago hay un barrio con fabulosas casas privadas de hasta 6 pisos de altura, dispuestas en tres calles principales. En el Castillo de Doña Blanca hay zonas de habitaciones con finalidad artesanal y comercial, además de ser viviendas.
Lugares de culto
Hay numerosas ruinas de santuarios, aunque en mal estado, situadas normalmente en la cumbre de la acrópolis, fuera de la población, o en sectores específicos de las ciudades, formando verdaderos "barrios sagrados", reproduciendo prototipos de los antiguos templos fenicios de Oriente.

El Templo de Tanit y el del Fortín Saboyano en Sulcis responden al modelo típico de santuario denominado "lugares altos", con un recinto al aire libre con betilo o altar en el centro, que simboliza la divinidad. Otro modelo tradicional es el de planta tripartita con varias capillas o locales a los lados, como el "de Bes " en Bitia y el Cabo San Marcos en Tharros.

Las pequeñas capillas o edículos están inspirados a su vez en modelos egipcios, por ejemplo el de "Eshmun" en Nora, donde a través de un patio rectangular de mosaicos se accede a la sala central, en cuyo fondo existía un ábside curvilíneo con dos edículos contiguos.

Otro tipo de pequeños santuarios de planta rectangular están en Tharro y Monte Sirai, con altar para sacrificios al que se accede por una escalinata. Otro tipo de santuario monumental es el de la diosa Astarté en Tas Silg (Malta), con varias capillas, pozos, reservas de agua, una gran balsa monolítica adosada a un betilo y un grueso muro que rodeaba la zona sacra, a la que iba una ampia rampa.

En Cádiz, según los textos, existían dos templos: el de Cronos y el de Hercles, que tenía dos columnas de bronce.
El thopet era un recinto sagrado al aire libre, en la periferia de los centros coloniales, donde se depositaron gran número de urnas con huesos calcinados de niños, señalados por un betilo o pilastra de piedra, sustituidas en el siglo VI a.C. por estelas. Son la manifestación socio-religiosa más característica de Malta, Sicilia, Cerdeña y Túnez, pero ausentes en la Península Ibérica y Baleares.
Necrópolis
Situadas fuera de las ciudades, con inhumación o incineración (éste último no era usual en oriente). La mayoría son individuales, aunque hay colectivas. Hay siete tipos morfológicamente:
       Incineración en Hoyo (Bustum).
       Incineración e inhumación en urna.
       Tumbas de fosa.
       Tumbas de cista.
       Tumbas de sarcófago monolítico.
       Tumbas de pozo simple.
       Tumbas de pozo y cámara: con una o varias cámaras, con un corredor o escalera de acceso. Con escalera destaca la tumba de inhumación 1E de Puente de Noy (Almuñécar).

El cementerio más antiguo fenicio en Iberia está en Almuñécar, la necrópolis Laurita, del siglo VII a.C., donde hay urnas de alabastro depositadas en el fondo del pozo, en nichos o cistas con huesos calcinados. Otra es la de Trayamar en el poblado de Morro de la Mezquitilla.
Cada poblado tenía por lo menos una necrópolis, generalmente situada en la orilla opuesta de la bahía marítima o río.
Cerámica
Fabricada en torno y generalmente recubierta en su superficie de un engobe rojo o decoradas mediante bandas anchas y rojas entre filetes más estrechos, negros o grisáceos. Tiene múltiples formas: platos de poca profundidad, cuellos cónicos y boca trilobulada (o de seta), urnas, ánforas "de saco" de boca estrecha, cuerpos piriformes y sin decoración, lucernas de uno o dos picos, ungüentarios de cuerpos ovoides, cuellos cortos y con asas,  y pebeteros formados por dos cuencos carenados y unidos por un cuerpo cilíndrico.
Objetos de adorno y votivos
Amplio desarrollo de la orfebrería y la metalistería. Numerosos objetos en oro, como diademas, amuletos, broches, etc., con técnicas orientales procedentes de Chipre, Fenicia y Etruria, destacando los talleres de Tharros (Cerdeña). En la Península Ibérica sobresalen los tesoros de la Aliseda (Cáceres) y el Carambolo (Sevilla). También se han hallado varios enterramientos tartésicos, braserillos o páteras aplanadas decoradas con manos de dedos largos y estirados, así como jarros de bronce cuyas bocas contienen cabezas de animales.
Pertenecientes a esta corriente orientalizante se han descubierto en los ajuares, piezas de marfil (peines sobre todo), huevos de avestruz pintados, escarabeos de esteatita y fayenza, vasos de alabastro y objetos de vidrio, donde destaca el vaso de Aliseda, de vidrio translúcido en tono verdoso, tallado en frío. Hay innumerables figurillas de terracota, en principio de estilo oriental, pero posteriormente de estilo local.

2. Los griegos
El período de 1200-800 a.C. que va entre la civilización micénica y la época arcaica, es fundamental para conocer la trayectoria del mundo griego hasta el siglo IV a.C.

Después del hundimiento micénico, en donde hay que descartar, como causa del mismo, la supuesta invasión de los dorios, la densidad de población en Grecia disminuye, sobre todo en Laconia y Mesenia, pero menos en el Ática, donde acuden los refugiados de las primeras, y desde aquí se produce una nueva emigración, responsable de los nuevos hábitats o cementerios de Eubea, en Quios y en la propia Ática. Las costas de Asia Menor y de las islas reciben en el siglo XII a.C. una serie de migraciones de poblaciones griegas. Las comunidades se repliegan y se relacionan en ámbitos muy restringidos, siendo escasa la navegación y los intercambios comerciales. En este tiempo se forma la originalidad de los distintos grupos étnicos y las diferencias dialécticas, coincidiendo con la difusión de la metalurgía del hierro y la adopción de los enterramientos de inhumación en vez de incineración. La cerámica protogeométrica se extiende a partir del siglo XI a.C. por todo el Egeo, Cícladas y costas de Caria y Jonia.

En los siglos X y IX a.C. se inicia la recuperación, que culmina en el siglo VIII a.C. Las comunidades se agrupan formando unidades políticas, con aristocracias de basileis, y tal vez con una autoridad superior. Esta nueva organización dará paso a las polis, la ciudad-estado, futura matriz de la democracia griega.

En los siglos IX y VIII a.C. surgen los primeros templos, como el de Samos, aunque el hábitat sigue siendo pobre. Se fabrican pequeñas estatuillas de bronce y obras de prestigio en cerámica con escenas compositivas de decoración: la de Atenas y Corinto. Pero los hallazgos más ricos son los de Lefkandi en la isla Eubea, con objetos de oro, phiales importados y mucho bronce local (calderos y fíbulas, armas en hierro, como consecuencia de las relaciones con Chipre y Oriente).

En el Ática, hay una búsqueda de contactos con el exterior, debido al auge demográfico y económico. La cerámica ática se expansiona por todo el Egeo y Asia Menor. Los euboicos se establecen a finales del siglo IX a.C. en la costa sirio-palestina, donde, según algunos, adoptaron y adaptaron el alfabeto fenicio.
2.1. La colonización griega
En el siglo VIII a.C. impulsados por necesidades internas: el gran aumento demográfico como consecuencia del resurgimiento económico y la insuficiencia de tierras, que agravaba la tensión social, los griegos inician la navegación en busca de nuevas tierras y de la mejora económica.

En un principio no se trataba de fundar colonias, sino de exploraciones e intentos de apertura de mercados, para permitir un mejor conocimiento de las rutas marítimas que culminará con la gran expansión ultramarina hacia Occidente.
Se distinguen dos tipos principales de colonias:
       La apoikiai: asentamientos agrícolas o de población, con pactos diversos con los indígenas.
       Los emporia: simples factorías o puntos de intercambio sin pretensión política ni instalación territorial.

2.2. Áreas de expansión
La expansión colonial griega arcaica está determinada en cuatro grandes regiones:
Magna Grecia y Sicilia
Se produce en el siglo VIII a.C. y principios del siguiente, por intereses agrícolas. Los euboicos fundan las primeras colonias: Pitecusa, Cumas y Naxos; los corintios, Siracusa; los mégareos: Megara Hiblea, etc. Durante el siglo VII a.C. surgirán nuevas ciudades, fundadas bien por las metrópolis egeas o bien por las ciudades italiotas o siciliotas (Acra, Selinunte, Agrigento...), finalizando el proceso colonizador en el siglo VI a.C..
El Ponto Euxino y sus accesos
Las colonias en el Mar Negro son poco conocidas. Los primeros en el siglo VIII a.C. fueron los euboicos en la región de Calcídica y los jonios en la Propóntide (Cícico). A partir del siglo VII a.C. hay una presencia masiva de griegos en todas las costas, pero será Mileto quien monopolice las fundaciones y sus accesos. No hay penetración territorial, por la presión escita.
El Norte de África
Los de Tera fundan Cirene en el 632 a.C., importante para la llegada de las rutas caravaneras procedentes del alto Nilo, y desde aquí se fundan colonias nuevas, como Barca y Evespérides, controlando los griegos toda la región. El establecimiento de Naucratis (Egipto) es puramente comercial, existiendo un comercio griego-egipcio durante el siglo VI a.C.
El Extremo Occidente
Aunque las fuentes antiguas dicen que la Península Ibérica fue colonizada por los rhodios, que fundan Rhode (Rosas), los restos exhumados son muy reducidos y solamente han dado materiales de los siglos V a.C. en adelante. Heródoto señala igualmente las actividades foces en occidente, y describe la colonización de los samios sobre el 650-640 a.C. en el reino de Tartesos, cuya producción y comercio estaba bajo control fenicio. La amistad con Argantonio les procuró un libre comercio donde participaban tanto fenicios como griegos, debilitándose en el último tercio del siglo VI, tras la batalla naval de Alalia (535 a.C.).

A finales del siglo VII y en el VI a.C. los foceos recorren el litoral sur peninsular, bien por la ruta tradicional, que desde el Mediterráneo central a través de las islas y el sudeste de la Península llevaba a Tartessos, o por el norte de África llegando a Tartessos directamente por el sur. Consecuencia de estos viajes son Alonis (¿Santa. Pola?) y Hemeroskopeion (¿Calpe o Denia?). Al mismo tiempo inician otros viajes por el noroccidente del Mediterráneo y fundan a fines del siglo VII a.C.Masalia (Marsella), donde existirá posteriormente un importante comercio durante la primera mitad del siglo VI a.C. Hacia el 600 a.C. fundan Emporion (Ampurias) que en el primer siglo de existencia se consolida, y acaba extendiendo su área de influencia, por lo menos comercial, por gran parte de la costa mediterránea española y tal vez el Languedoc.
Ampurias
Su primer asentamiento fue en un islote, Palaiápolis, sede de un poblado indígena, frecuentado también por los púnicos y etruscos. Fruto de su prosperidad mercantil, sobre todo en el siglo V a.C., son las acuñaciones ampuritanas (óbolos y tremihóbolos de plata, y las dracmas), así como la gran cantidad de cerámica ática, importada por Ampurias y distribuida en las poblaciones indígenas. Con la fundación de nuevas poblaciones en el sureste, Alonis y Akra Leuke, se facilita la penetración en el interior hasta Extremadura.
A partir de los siglos V y IV a.C. la presencia griega sufre una reestructuración debido a la incidencia cartaginesa y los cambios que experimenta el mundo indígena andaluz y levantino. La situación a partir del siglo IV a.C. será un comercio griego centrado en factorías costeras, en competencia y concurrencia con los fenicios, y en busca de los recursos mineros de la Alta Andalucía y Sierra Morena. Con este panorama se encontrará Roma, que heredará los intereses griegos, mientras que Cartago habrá intensificado a partir del 237 a.C. su penetración en el interior peninsular.
2.3. Manifestaciones culturales en la Península Ibérica
Los materiales griegos están documentados tanto en las costas como en el interior, con una cronología que abarca desde el siglo VIII a.C. hasta el año 218 a.C. tras la segunda guerra púnica, cuando se incorpora al mundo romano.
Urbanismo
Dos importantes ciudades en el golfo de Rosas: Ampurias y Rosas. De la ciudad antigua de Ampurias existen muy pocos restos; pero se conoce la configuración de la Neápolis, o asentamiento del continente, de forma rectangular delimitada por una muralla ciclópea, con una sola puerta de acceso, protegida por dos torreones, situada en los siglos III y II a.C. El trazado es de tipo hipodámico con irregularidades. Las casas están formadas por dos o tres habitaciones y pueden tener dos pisos. Hay ágora y áreas sacras. De Rosas hay escasas estructuras de los siglos IV y III a.C., mostrando trazado de tipo hipodámico.
Lugares de culto
En Ampurias hay tres templos, dos de ellos detrás de la muralla, uno dedicado a Asclepio, dios de la medicina, y otro a la diosa Higea. El tercero, el más grande, está edificado sobre una muralla cuando ya estaba en desuso y está encerrado en un recinto correspondiente a un lugar de culto reservado a iniciados. Está consagrado a Zeus-Serapis y es del siglo I a.C. También existen aras y pedestales, que formarían parte de un sacellum o recinto para celebrar ceremonias religiosas al aire libre.
Cerámica
Abundan los vasos griegos. Los más antiguos están en el sur, en un ambiente comercial fenicio de los siglos VIII y VII a.C. (crátera o pyxide de cerámica ática, skyphos de pájara eubeo, ánforas áticas de tipo "SOS", etc.).
Desde finales del siglo VII a.C. y durante el VI a.C. sobre todo, hay un gran número de productos importados que llegan desde Ampurias a Huelva: cerámica ática, calcídicas, honias, samias, corintias, laconias o quiotas, destacando el ánfora de Huelva, pintada por Klitias, el lekanis de Ampurias de Polos, los aribalos procedente de Naucratis y las copas áticas de los Pequeños Maestros.

Hacia finales del siglo VI a.C. desaparecen las importaciones griegas en Andalucía y será Ampurias, en el siglo V a.C. la receptora de estos materiales, principalmente áticos, que distribuirá por el suroeste: lekythos de figuras negras, Kylikes decorados con barniz rojo coral, crátera, ánforas..., llegando en el siglo IV a.C. a las poblaciones ibéricas de las costas, desde Cataluña hasta Huelva, y las áreas mineras de Andalucía y Extremadura.

En el siglo IV a.C. la cerámica ática importada es de baja calidad, con temas estereotipados de figuras rojas: Kylikes y las cráteras de campana con escenas dionisíacas. Importante es la cerámica de barniz negro usada como vajilla de mesa, que sustituye a finales del siglo IV y principios del III a.C. a la cerámica ática, cuyo centro principal se encuentra en Rosas.
Escultura en piedra
Los hallazgos no son muy abundantes, aunque hay influencia del arte griego arcaico en algunas obras indígenas. Hay dos esculturas de mármol de la Neápolis de Ampurias. Una, de 2 m de alto, del dios Asclepio, de un taller ateniense de la época helenística. Otra es una pequeña cabeza de figura femenina perteneciente a una escuela ática original del siglo IV a.C., de la diosa Afrodita.
Bronces
Son escasos en Iberia, y se concentran en el sur de la Península e Islas Baleares: dos cascos corintios en Jerez y Huelva, dos oinocoes rodios en Granada y la necrópolis de la Joya (Huelva), una figura femenina de Astarfe (Granada), y una coraza en la cueva del Jarro (Almuñécar).

En el sureste aparecen el Centauro de Rollos (Caravaca, Murcia) y el Sátiro itifálico del Llano de la Consolación (Albacete).

En Baleares están el Apolo de Lluchmayor (Mallorca), dos figuras de Atenea Promachos de Porreras (Mallorca y Menorca) y una Atenea Palladion de Santany (Mallorca).
Numismática
Ampurias y Rodas comienzan a acuñar moneda en el siglo V a.C. y la desarrollan en los siglos IV y III a.C.
Las monedas ampuritanas son más antiguas, y son anepígrafas de plata, relacionadas con el lote hallado en Auriol (Marsella). En el anverso aparece una cabeza barbada o imberbe con casco (¿Hércules?), una cabeza de sátiro, etc. En el reverso hay un cuadrado incuso. Posteriormente hacen monedas epigráficas, como trihemióbolos y obolos, de patrón masaliotacon, con el anverso de cabeza de Atenea y en el reverso una lechuza.

Los dracmas son las monedas más importantes en plata. Las de Rosas son anteriores a las de Ampurias. En el anverso aparece una ninfa, y en el reverso una rosa con los pétalos abiertos y la leyenda RODETON.

Las ampuritanas toman los modelos de la época clásica siracusana: en el anverso la figura de Aretusa rodeada de delfines, y en el reverso Pegaso con la leyenda EMPORITON, con el tiempo sustituida por la figura de un niño.