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PUEBLOS ORIGINARIOS
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REGIÓN PAMPEANA
En un principio deambulaban por esta región los antiguos pampas, compuestos por los querandíes junto a los taluhet, que habitaban la Pampa Húmeda y los diuihet que poblaron la Pampa Seca.


QUERANDÍES

El nombre de querandíes era un apelativo que los guaraníes daban a este grupo que en su dieta diaria consumía grasa de animal, y que significaba "hombres o gente con grasa". Al fundarse la ciudad de Buenos Aires las poblaciones indígenas con las que debieron lidiar los conquistadores fueron precisamente los querandíes.

Estos "naturales de la tierra" – tal como se referían a ellos los españoles– ocuparon un área que va desde el sur de Santa Fe por el norte, hasta el pie de las Sierras Grandes hacia el oeste y toda el área norte de la Provincia de Buenos Aires hasta el Río Salado, por el sur.

Eran, al decir de los cronistas, gente robusta y de tez morena, vivían formando grupos organizados que obedecían a jefes y caciques. Eran cazadores y pescadores nómades que viajaban cuando la temporada de caza les era favorable. Desarrollaron armas especializadas, entre ellas, las boleadoras. El pescado, el huemul (un tipo de venado), las raíces, los frutos y la langosta constituían su dieta básica. La vivienda de los pampas primitivos es el típico toldo de llanura que persistió en siglos posteriores.

Un dato curioso con respecto a los pampas es que su existencia fue puesta muchas veces en duda. La razón de esa incertidumbre radica en que las poblaciones indígenas que fueran objeto de las expediciones del Presidente Julio A. Roca en el siglo XIX no pertenecían a esta familia. La realidad es que queda muy poco de aquella Nación querandí. Por un lado, hacia el siglo XV los tehuelches avanzaron sobre la región pampeana, provocando cambios culturales en los grupos locales. Por el otro, la conquista española, con sus armas y enfermedades, provocó su desaparición.

También la zona fue habitada por los pampas cheche–hei desde las sierras del sur de la Provincia hasta la desembocadura de los ríos Negro y Colorado, pero se extinguieron completamente a mediados del siglo XVIII, como consecuencia de la invasión de las tribus araucanas procedentes de Chile.

Su economía se basaba asimismo en la caza, especialmente de caballos cimarrones, hecha con boleadoras y lazo. Las armas más frecuentes eran la lanza, las boleadoras, el arco y la flecha y la honda, en tanto que como herramienta defensiva usaban una suerte de túnica de cuero de hasta seis capas, que pintaban con manchas negras, a imitación de la piel del jaguar. En tiempos más antiguos cazaban guanacos, ñandúes y otros animales menores, a la vez que recogían frutos y semillas silvestres.

En el siglo XVI, los mapuches de origen trasandino iniciaron su avance sobre la Patagonia y provocaron la paulatina aculturación de las tribus locales, las que a partir de esa situación reemplazaron su idioma y sus creencias. Hacia fines del siglo XIX la región sólo era habitada por poblaciones de origen araucano. Este proceso de araucanización fue consecuencia de la presión española sobre los indios de la región de Chile, quienes habían sido expulsados desde el otro lado de la Cordillera de los Andes.

PAMPAS

La designación de "pampas" a los aborígenes que poblaban la pampa no fue auto impuesta, sino que les vino impuesta por los españoles. El vocablo no siquiera es de su idioma, sino quechua, y significa "llanura". Es decir que se llamó pampas a todos los indios que habitaban ese territorio geográfico conocido como pampa, a pesar de que pertenecían a distintas culturas.

En su origen eran cazadores de venados, ñandúes y guanacos. También eran recolectores de frutos y semillas silvestres, que molían para hacer harina. Se vestían con una manta llamada patagónica o quillango.

Eran individuos de alta estatura, algo más que la mediana europea, morenos y de cuerpos robustos, de cabeza alargada alta y maciza. Sus vestidos, según un cronista (1643) "es una pampanilla que usan por la decencia y un pellón que le sirve de capa larga, todo lo demás del cuerpo desnudo". La pampanilla era prenda femenina, los hombres usaban taparrabo en forma triangular, ambos de cuero de distintos animales, pero especialmente de zorro, guanaco o nutria cocidos entre sí, posteriormente se usó el cuero de caballo que una vez sobado lo usaban hombres y mujeres.

Solían pintar su rostro y cuerpo de diferentes colores. Los viudos y en especial las viudas se pintaban la cara de negro en señal de duelo. No se ha señalado el uso de tatuaje. Según el padre Rosales (1666) en algunos lugares cubrían su cuerpo con arcilla mezclada con hierbas como defensa del sol y los mosquitos.

La vivienda de los Pampas primitivos es el típico toldo de la llanura que persiste en siglos posteriores. Cuando escaseaba el ganado en la Pampa se utilizaba en su construcción ramas y otros materiales deleznables. El padre Ovalle (1643) dice: "en un instante con cuatro palillos, una media ramada mal cubierta con algunas ramas y yerbas o algún cuero de vaca o caballo o de tres animales antiguos Pampas".

Sus armas fueron la boleadora, el arco y la flecha, algunos misioneros citan el uso de la honda. Las boleadores de estos indios eran de dos bolas con surco, atadas con un tiento de cuero, de unos diez pies de largo, una de ellas más pequeña que servía de manijera. También se cita la boleadora retobada en cuero. Las puntas de flechas las hacían de pedernal, cuarzo y ópalo, materiales que se encuentran en todos los paraderos de la zona, aún cuando no sean del lugar. También es frecuente encontrarlas de madera.

La industria de la piedra alcanzó gran importancia empleándose la técnica de la piedra tallada o de la piedra pulida. El indígena tomaba un canto rodado o un trozo de roca de las citadas y que constituía el núcleo, lo apoyaba sobre otra piedra que servía de yunque, o tomado fuertemente en la mano, sobre uno de sus lados más planos aplicaba un fuerte golpe con otro canto rodado que constituía el percutor. De esta manera iba desprendiendo del núcleo las llamadas láminas que retocadas y trabajadas con pequeños golpes y presiones originaban raspadores, cuchillos y puntas de flechas. Para los objetos de piedra pulida realizaban un trabajo similar que luego pulían con otra roca dura. Para las superficies esféricas perfectamente pulidas, tales como boleadoras y cabezas de hachas, el pulimento se hizo dentro de cavidades esféricas de rocas o pequeños morteros al efecto. Otros objetos de piedra característicos son:

Perforadores: Pequeñas piedras con punta aguda que usaban para perforar y luego coser los cueros.
Raspadores: Especie de cuchillos con filo por un solo lado, servía para descarnar los cueros.
Sobadores: Piedras cónicas con un fuerte ensanchamiento en su base, servía para sobar los cueros secos.
Morteros: Los granos eran reducidos a harina en morteros de piedra, los hay de varios tipos. Durante los primeros años de la colonia, los españoles continuaron usando este procedimiento. Las manos de estos morteros se hicieron con piedras alargadas que en algunos casos han sido perfectamente pulidas hasta cilindradas.
Las conanas eran también destinadas a la molienda de granos, se construían de lajas, aplanadas que con el uso adquirieron una concavidad en su parte media, en algunos casos, su continuo uso llegó a perforar la conana.

En los últimos tiempos los Pampas conocerían también la alfarería que habían adoptado de los pueblos vecinos. Al adoptar el caballo dejarían de hacer cerámica. Pues la alfarería no suele ser de mucho provecho. En cambio la cestería se practicaba intensamente haciendo cestos tan apretados que podían contener agua en ellas.

Los pampas eran grandes caminadores y tragadores de leguas. De esa cualidad física nos dan cuenta los primeros conquistadores que entraron en contacto con ellos. La caza se realizaba a pie, siguiendo a los animales hasta cansarlos, pasando en ello dos o tres días sin parar. En estas cacerías no tomaban agua ni comían, solo bebían la sangre de los animales que cazaban.

Los Pampas eran por naturaleza nómades. El padre Ovalle, que en la primera mitad del siglo XVII atravesara la Pampa en dos ocasiones, describe en esta forma el nomadismo de nuestros indios: "...juzgan por el mayor bien de todos el absoluto y libre albedrío: Vivir hoy en este lugar, mañana en el otro, ahora me da gusto gozar de la rivera y frescura de este río y en cansándome de él paso a otro, quiero vivir un poco en los bosques y soledades, y dándome el gusto sus sombras salgo a los alegres prados y valles, aquí me entretiene la caza, allá la pesca, aquí gozo de la fruta que lleva esta tierra y en acabándoseme me paso a otra, donde comienzan a madurar los que ella lleva, voy donde quiero sin dejar en ninguna parte prenda que me tire, que suelen ser espinas que de lejos atormenta, no temo malas nuevas porque no dejo atrás cosa que pueda perder, conmigo lo llevo todo, y con mi mujer y mis hijos, que me siguen donde voy no me falta nada".

Fuera de la carne de los animales que cazaban los Pampas, se alimentaban también de la recolección de productos agrestes de origen animal y vegetal. El padre Ovalle nos cuenta que pegaban fuego a los pajonales cuando en ellos había mucha langosta y así la tostaban. Luego la molían y hacían con su pasta una especie de pan. Preparaban bebidas fermentadas y usaban el cebil masticando sus hojas, como en el altiplano la coca. No nos ha llegado noticia del uso del tabaco o similares.

La vida espiritual de estos indígenas se reducía a algunas danzas de carácter ritual de las cuales no hay referencias concretas. Vivían agrupados en pequeñas tribus independientes unas de otras, con caciques cuya autoridad y origen nada se sabe.

De sus ideas religiosas poco en concreto se sabe. Creían en Soichu, antes de todo lo bueno, venerada sin culto ni ceremonia aparente; y Gualichu que era la causa de toda adversidad, sequías, denotas, enfermedad. Cada aldea tenía su mago o shaman y cuando éste asistía a algún enfermo llevaba en su boca algo nauseabundo que luego de chupar el cuerpo del enfermo escupía y decía que ello era la causa del mal que acababa de extraer.

Los Araucanos, es el último elemento indígena que se estableció en el país, en un proceso no muy bien estudiado. Habitaban primitivamente Chile, con la conquista y colonización española de la parte Norte y Central del país se refugiaron al Sur del mismo y de allí a través de los pasos cordilleranos llegaron al territorio argentino. Esta infiltración comenzó dos siglos atrás por lo que puede decirse que es relativamente reciente. Los Araucanos de Chile, para sostener sus guerras necesitaban del caballo de nuestras llanuras y Los Pampas se los proveían por intermediarios y tenían una tribu que habitaba las montañas, Los Puelches, que fueron los primeros en sufrir la influencia araucana. La expansión araucana se extendió posteriormente a nuestras pampas. El primer dato concreto sobre los Araucanos en el país se obtiene en 1708. En esa fecha hubo una concentración de indios de tal origen, en el lugar llamado Las Pulgas, hoy Mercedes. La reunión tuvo consecuencias y de la investigación realizada por las autoridades consta que algunos caciques Puelches habían traído "aucáes" e indios de la guerra de Chile.

Al comienzo, los Araucanos constituyeron núcleos aislados, a veces rivales, pero una vez dominado todo el territorio, se unieron, aunque no formaron una sola nación con un jefe único. Se formaron cuatro grupos Araucanos principales. Los Puelches que ocupaban la parte de la cordillera y el espacio que media entre el norte del río Diamante y el Limay por el sur. Seguidamente, al este del Salado, estaban los Ranqueles. Eran los ocupantes de la región del monte. Su centro principal era Lebucó. Con sus famosos caciques Yanquetruz y Painé. Al este y al sur de los anteriores estaba el Grupo de las Salinas Grandes. Vivían junto a las lagunas o cursos de agua, donde disponían sus toldos, y éstos eran de forma cuadrangular.



Fuentes:
Sitio de Pueblos originarios
http://www.argentina.gov.ar/argentina/portal/paginas.dhtml?pagina=356

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